La ansiedad

La ansiedad

La ansiedad no es una enfermedad sino una sensación, una forma de reaccionar. Se presenta en momentos de peligro, preocupación, incertidumbre ante los acontecimientos futuros y sentimos que éstos nos superan.

La ansiedad es una forma de reaccionar, un mecanismo que nos permite mejorar nuestra actuación en momentos difíciles. Pero esta facultad se manifiesta en algunas personas más exageradamente: La más mínima cosita cosa las altera, las pone ansiosas. Su reacción es desmesurada y las conduce a un estado de descontrol que afecta. Parece ser que esta hiperreacción está influida por factores biológicos que predisponen a padecer trastornos de ansiedad. Las mujeres sufren más de ansiedad que los hombres y es posible que, además de factores culturales, determinados cambios hormonales tengan algo que ver.

Síntomas


La forma más común, el trastorno de ansiedad generalizada, se produce por la excitación del sistema nervioso y provoca los siguientes síntomas:

- Tensión en cuello, hombros y espalda.
- Sensación de nudo en el estómago, náuseas.
- Sudoración, temblor.
- Opresión en el pecho, dificultad para respirar, pulso acelerado.
- Dificultad para concentrarse.
- Irritabilidad.
- Alteración del sueño.
- Disminución de la libido, disfunción eréctil.
- Cansancio, fatiga.
- Sensación de sufrimiento, de infelicidad.

La ansiedad no provoca lesiones cardiacas ni deterioro físico o mental, pero lo más frecuente es que las personas que sufren cuadros de ansiedad sufran un incremento del consumo del tabaco, alcohol o de otras drogas, y el abuso de esas sustancias sí puede originar problemas físicos o de otro tipo. Esto les produce un alivio momentáneo que resulta perjudicial a la larga y sólo incrementa su ansiedad, empeorando más la situación. Otras personas prefieren evitar las situaciones que se la producen y rechazan todo lo que pueda alterarles. Tampoco esta es la solución porque, a la larga, pierden confianza en sí mismas y crecen sus problemas. Otras formas de manifestación de la ansiedad, como las crisis de angustia o ataques de pánico, las fobias sociales, las fobias específicas, la agorafobia o el trastorno obsesivo-compulsivo.

Cambios en el estilo de vida


La ansiedad es controlable y acaba desapareciendo en la gran mayoría de los casos. Para ello es necesaria rápida detección, capacidad de autocontrol y fuerza de voluntad. Por supuesto que no se pasa de un día para otro y hay que mantenerse firmes en el proceso para no decaer. Lo primero que hay que hacer es evitar que la ansiedad progrese. Aunque no es fácil, es fundamental cambiar el estilo de vida:

- Practicar ejercicio físico, como un paseo diari ya será suficiente.
- Evitar el café, las bebidas estimulantes, el tabaco
- Aprender a controlar las situaciones difíciles y las preocupaciones irracionales. Pensar las cosas antes de hacerlas.
- No avergonzarse de pedir ayuda, la recuperación será más rápida y se sentirá más seguro/a.
- Dormir bien, sentirse descansado al día siguiente.
- No automedicarse. Si es necesario algún fármaco, SÓLO el médico puede prescribirlo.

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