Felicidad, divino tesoro

En los últimos tiempos la felicidad se ha convertido en una meta a conseguir en la vida. Ya no se la trata de si tenemos o no derecho a ella sino que debemos conseguirla a toda costa. Tengamos en cuenta que tenemos derecho a ser felices, a vivir una vida agradable y placentera, nadie está obligado a vivir amargado, sufriendo, lleno de dolor y sin un momento de felicidad.

Pero la felicidad como estado de vida no existe. Es abstracta, subjetiva y personal. Podemos enumerar algunos elementos básicos que se necesitan para ser feliz: buena salud, un buen trabajo, una vida amorosa, afectiva y familiar agradable, amigos, tiempo libre, buena situación económica, bienestar psicológico y emocional... Y, al margen de que nos guste que a los emás también les vaya bien, especialmente a nuestros seres queridos, necesitamos percibir que nos aprecian como personas, que nos aman, nos respetan y nos comprenden. Claro que cada persona valora de diferente manera cada una de estas cosas.

Buscando la felicidad

La felicidad es una situación pasajera que se nos escapa sin avisar. Algunas personas, dominadas por el deseo de la felicidad absoluta y permanente a pesar que tienen motivos reales para sentirse bien, viven convencidos de que hay un estadio superior, más intenso y satisfactorio. Pero esto los sume en la insatisfacción. No debemos dejar de luchar para mejorar nuestro bienestar, ya sea material o emocional, pero hemos de saber apreciar lo ya conseguido.

Consciente o inconscientemente sabemos que en algún momento de nuestra vida hemos alcanzado la felicidad, y que deseamos volver a revivirlo. La teoría del psicoanálisis indica que ese gran momento está relacionado con la satisfacción que sentimos cuando al tener hambre por primera vez, la leche materna nos satisfizo. Según esta corriente psicológica, conocida esa vivencia de plenitud ansiamos reproducirla el resto de nuestra vida. Otra explicación, más espiritual que científica, es la de que llevamos grabada en nuestro código genético una cierta idea del paraíso. Cualquiera que sea la argumentación, buscamos algo que en un determinado momento hemos experimentado pero no conocemos del todo.

Lo mejor es dejar de buscar ese imposible porque no lo vamos a encontrar. La felicidad no el resultado de una búsqueda ni de la suerte, más bien está relacionado con nuestros propios actos. Ser feliz es una aspiración que cada persona debe trabajar de manera individual. Es un derecho y un deber, porque vivir en la infelicidad es ir en contra de la naturaleza. Pero ser feliz no es disfrutar de una alegría constante, sino involucrarnos en cada detalle de nuestras vidas, conectar con la emoción del momento; es decir, vivir y disfrutar el aquí y ahora.

Deberíamos hablar de momentos felices, de placer, bienestar, alegría, satisfacción con uno mismo, por algún logro conseguido tras el esfuerzo. Y es que los mejores momentos de nuestra vida no son necesariamente los más relajados. Suelen llegar cuando mente y cuerpo al unísono llegan a su límite de esfuerzo para conseguir algo que valoramos mucho. Un momento feliz, una experiencia óptima, es algo que hacemos que nos suceda. Los auténticos instantes de gozo, ricos en serenidad y paz interior, no se deben normalmente a acontecimientos externos. La vida es larga, compleja y diversa y en ella caben momentos de malhumor, preocupación, dolor, amor, alegría, placer, gozo, una lista interminable de sensaciones, sentimientos y emociones. Lo que debemos aprender es a disfrutar de cda momento de felicidad.

Buenas ondas

Una actitud positiva hace que un acontecimiento negativo no nos impida vivir plenamente. Las preocupaciones, el malhumor, la rabia, las enfermedades propias o de nuestros seres queridos, los problemas económicos, el cansancio, las frustraciones, los conflictos con la pareja o con los hijos o con la gente que se empeña en amargarnos la vida, siempre van a estar ahí. Pero siendo positivos podremos pensar y buscar soluciones. Las personas con una actitud positiva ante la vida sufren por las personas que muestran una actitud negativa, pero con la diferencia de que los que son positivos actúan eficazmente en la resolución de sus problemas mientras que los negativos se bloquean.

Una actitud positiva no es sinónimo de felicidad, sino de acciones eficaces: vivamos los momentos de malestar sin desesperarnos, sin culpabilizarnos ni culpar a los otros y sobre todo, sin paralizarnos. Esta actitud positiva nos ayuda a disfrutar de los momentos felices y a abrirnos al mundo que nos rodea. La felicidad está muy vinculada con la pasión or la vida, la pasión como una emoción positiva que nos empuja a conseguir nuestros objetivos.

Actitudes que nos ayudan a ser felices

- Aceptarnos a nosotros mismos como somos y tener confianza en uno mismo.

- Tener una actitud positiva ante la vida.

- Desarrollar nuestras habilidades sociales y de comunicación.

- Afrontar cada situación en que nos encontramos con realismo y determinación.

- Expresar nuestros sentimientos y emociones y vivirlos intensamente.

- Ser conscientes de que estamos vivos y disfrutar cada instante.

- Tener ganas de jugar, reír, descubrir y romper un opco con los convencionalismos.

- Alegrarnos con lo que tenemos y entusiasmarnos en nuevos proyectos.

- Estar orgullosos de nosotros y de nuestros logros.

- Cuidarnos, valorarnos y apasionarse con la aventura de vivir.