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ImageEl miedo al agua es uno de los impedimentos más importantes para aprender a nadar. Nunca es tarde para conseguirlo y disfrutar del agua sin miedo. La concienciación sobre los beneficios de la natación en la salud es una de las razones para aprender a nadar en la edad adulta.

ImageEl miedo al agua es uno de los impedimentos más importantes para aprender a nadar. Nunca es tarde para conseguirlo y disfrutar del agua sin miedo. La concienciación sobre los beneficios de la natación en la salud es una de las razones para aprender a nadar en la edad adulta. Pero existe un porcentaje que se enfrenta al problema del temor al agua, al punto de convertirse en fobia. La terapia psicológica y la ayuda de los profesionales de la natación pueden lograr superar el miedo.

Hay dos tipos de motivación, siendo el principal el motivo médico: Problemas de espalda o de rodilla, lesiones articulares y artrosis. Los motivos personales influyen mucho: padres que acompañan a sus hijos a la pileta y desean compartir la experiencia, el deseo de superación, de disfrutar como todo el mundo de la playa y el mar.

Las razones por las que algunos adultos no saben nadar hay que buscarlas. La más común es que hasta hace poco tiempo no se le daba importancia; en cambio, hoy en día, su aprendizaje es habitual. Otra de las causas por las que mucha gente mayor no sabe nadar se halla en el miedo al agua. Parte de ellos, normalmente los más mayores, tienen temor por el desconocimiento del medio y de la inmersión, pero una vez que se meten en el agua y se acostumbran a las sensaciones que provoca sumergirse superan todas sus reticencias. Existe un porcentaje de personas, con menos de 50 años cuyo temor al agua es muy fuerte, sobre todo por experiencias traumáticas. Este miedo al agua es considerado como una fobia específica, y recibe el nombre de hidrofobia. Una de las características es que limita a la persona que lo sufre, puesto que el hecho de acercarse a grandes cantidades de agua la inmoviliza y desencadena diversas reacciones fisiológicas y psicológicas.

Las causas

La hidrofobia es una fobia situacional de tipo ambiental. Suele comenzar en la infancia y es más frecuentes en mujeres que en hombres. Asimismo, es fruto de una conducta aprendida. Haber tenido una o varias experiencias desagradables en el agua, ser testigos de experiencias aversivas en otras personas o que se nos hayan transmitido temores o preocupaciones excesivas, bien de forma general o específicamente hacia el agua, son factores capaces de originar el problema.

El temor al agua se encuentra en la infancia, cuando no se tienen experiencias acuáticas. Los adultos proyectan sus propios miedos sobre los niños. El resultado es que se desarrolla unos pensamientos irracionales y de ansiedad en relación al medio acuático.

Los traumas también influyen. Una incorrecta metodología en la enseñanza de la natación, las inmersiones provocadas o las malas experiencias dentro del medio acuático pueden ocasionar una fuerte aversión al medio. Así es como, la sola idea de entrar en contacto con él puede desencadenar una serie de efectos, tanto fisiológicos como subjetivos, que impidan aprender a nadar, disfrutar del agua en el mar o la pileta. Esto es más frecuentes en adultos.


Efectos

La fobia consta de tres componentes: El miedo central, la ansiedad anticipatoria y la conducta de evitación. El miedo central se desarrolla al exponerse el sujeto al estímulo temido, produciéndose una serie de reacciones fisiológicas que varían dependiendo de la persona, como incremento de la frecuencia cardiaca, de la presión arterial, sudoración, inhibición de la salivación, náuseas, diarrea o contracciones estomacales, entre otras.

El temor al agua también provoca respuestas subjetivas. Se desarrolla todo tipo de creencias acerca de la situación temida y de su incapacidad para afrontarla. Estos pensamientos suelen traducirse en verbalizaciones como «no podré afrontarlo» o imágenes que anticipan las consecuencias negativas de entrar en contacto con el agua. La expectativa de peligro da lugar a una respuesta de evitación, en la que el sujeto escapa y abandona la situación temida lo antes posible.


Terapias para superarla

La hidrofobia puede superarse; la mejor forma de lograrlo es la exposición directa a la misma, afrontarla hasta que el temor desaparezca. En cuanto al mejor tratamiento para ayudar a vencer una fobia, el más eficaz es el psicológico cognitivo-conductual, basado en una orientación terapéutica que trabaja pensamientos, conductas y emociones.

Para la hidrofobia se recomiendan técnicas de exposición en las que se expone gradualmente al sujeto a la situación temida, dotándole de estrategias de resistencia. Se emplean técnicas de reestructuración cognitiva, trabajando las creencias, expectativas, atribuciones, automanifestaciones erróneas o distorsionadas.

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